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viernes, 14 de agosto de 2015

Stephen King es un escritor norteamericao, tan típico como las hamburguesas y los fusiles en los colegios. Concentra en su obra lo mejor y lo no tan bueno de ese gran país. En buena parte es un gran literato, un autor que domina su género, crea unos personajes tremendamente creíbles y unas ambientaciones  dotadas de viveza y profundidad. Pero otra parte de King vaga por mundos oníricos que no siempre logran que el lector, que podríamos llamar más clásico, o europeo, comulgue con él.
Cuando este escritor elige un protagonista, hace que el relato le envuelva de tal manera que el lector se identifica con él, siente simpatía y comparte sus vivencias. Enseguida quieres a los “buenos” y, de haberlos, rechazas a los “malos”.
La historia te atrapa, te implica y pasas a formar parte de ella hasta llegar a la mitad del libro.
Aquí es cuando la literatura de King se divide en tres partes: una es la que la obra continua con su intensidad, su verosimilitud y su agarre hasta el final, sea este cual sea, los que tratándose de Stephen puede ser cualquier cosa.
Otros libros caen, desde su hemisferio, y tras un arranque tan bueno como los anteriores, por un tobogán que desengancha al lector del argumento y de los actores. La incredulidad va en aumento y cierras el libro. Son los volúmenes en que King saca a relucir fantasmas del espacio, del fondo del mar o seres inconcebibles en los que no cree ni el mismo creador, y se nota. La novela se va a la mierda.
En el tercer estante están las que fracasan desde el principio hasta el final.
No seré yo quien diga que libros hay que leer o no. Tengo claro que Stephen King es un autor imprescindible que hay que conocer y disfrutar, he leído mucho de él, y he dejado varios libros desde la mitad o desde las primeras páginas; pero de otros he disfrutado como de la más alta literatura.
Allá cada cual con sus gustos, a mí me han parecido muy buenos: El Misterio de Salem Lot, Misery, Dolores Clairbone, La Larga Marcha, El Fujitivo, entre otros.
Duma Key
No me parece ni la mejor ni la peor obra de King. Antes de seguir leyendo informaré de que es uno de los libros que he dejado por la mitad. El arranque es muy bueno. Inmediatamente simpatizas con el protagonista y su situación. Te hace ver con claridad el ambiente en el que vive y participas de él, te cuelas como en una inmersión en la piscina. El lector sigue con interés y simpatía como la vida de Edgar Freemantle pasa por circunstancias complicadas y difíciles de interpretar. Pero llega el momento que veía venir, cuando lo sobrenatural deja de ser un recurso literario, valido e ideal en otras ocasiones, y se convierte en un pegote difícil de tragar.
Freemantle es un empresario de la construcción de cierto éxito que sufre un grave accidente. Las secuelas son difíciles de sobrellevar y le arruinan la vida, su matrimonio, y le impiden seguir con sus negocios. Como parte del tratamiento de rehabilitación física y mental, Edgar decide mudarse a un Cayo de Florida donde se dedica a pintar paisajes marítimos de extraordinaria intensidad y fuerza, demasiada…
Puede que si siguiera leyendo unas páginas más la historia llegase a atraparme y pudiera disculpar y justificar el giro hacia la fuerza maligna, pero cada uno elige lo que lee, y cuando deja de hacerlo.
En cualquier caso, no me arrepiento de haber leído un buen número de páginas de gran calidad.











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